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Princesa Mako celebra inmigración japonesa a Bolivia

LA PAZ, Bolivia (AP) — La sobrina mayor del Emperador de Japón, Naruhito, la princesa Mako, llegó a Bolivia el lunes para conmemorar los 120 años de la inmigración japonesa a este país y fue recibida por el presidente Evo Morales con honores militares.

Vestida de kimono, Mako inició su agenda con una ofrenda floral en la plaza de armas de La Paz poco antes de reunirse con Morales en la casa de gobierno, con quien almorzó. Llegó de Perú, donde también conmemoró la llegada de inmigrantes de su país.

“Es alentador saber que los inmigrantes japoneses fueron un puente entre los dos países y contribuyeron al desarrollo”, dijo la princesa mediante intérprete poco después de una corta reunión reservada con Morales.

A su vez, Morales destacó y agradeció el apoyo de Japón a Bolivia en diversos campos, incluyendo la condonación, la década pasada, de una deuda de 500 millones de dólares.

El alcalde Luis Revilla tenía programado declarar a la visitante Huésped Ilustre de la ciudad.

Tras visitar atractivos turísticos, Mako viajará a la ciudad de Santa Cruz, en el oriente, donde están asentadas las colonias japonesas para participar de la conmemoración de los 120 años de inmigración previstas para el miércoles. La princesa permanecerá cinco días en el país.

“Para Bolivia es importante que una persona de la casa imperial de Japón haya elegido visitar el país”, dijo el canciller Diego Pary.

La última vez que llegó un miembro de la realiza japonesa fue en 2009, con la visita del Príncipe y la Princesa Hitachi.

Hacia 1899 llegaron a este país los primeros japoneses desde Perú para vincularse a la explotación del caucho en la Amazonía. Un grupo mayor llegó tras la Segunda Guerra Mundial y se asentó en la región de Santa Cruz en momentos en que el gobierno impulsaba la agroindustria.

Dos colonias japonesas, Okinawa y San Juan de Yapacaní, se convirtieron en puntual de ese sector en Santa Cruz. No obstante, las dos colonias afrontan una merma en su población. Actualmente 13.000 descendientes de japoneses viven en Bolivia y son la sexta generación.

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