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Ingresó a la Academia de Ciencias Jorge Alberto Alvarez de la UAM

Sin títu1

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08 de Abril 2016

GUADALUPE ROSAS SUÁREZ

@lupisrosas

Gracias a sus contribuciones al estudio de la bioética, el doctor Jorge Alberto Álvarez Díaz, profesor-investigador del Departamento de Atención a la Salud de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), fue nombrado académico de número de la Academia Mexicana de Ciencias, Artes, Tecnología y Humanidades (AMCATH), A. C.

Con ello, el investigador de la UAM se convirtió en el primer miembro de esta institución en recibir este reconocimiento, otorgado igualmente a Julio Boltvinik Kalinka, Enrique Carbajal González Sebastian y Juliana González Valenzuela, entre otros personajes.

Recuperar joven disciplina

Al disertar sobre Educación en bioética: panorama para el México contemporáneo, en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) subrayó la pertinencia de recuperar esa joven disciplina desde una perspectiva amplia y con énfasis para los profesionales de la salud.

En entrevista, Álvarez Díaz, quien además introdujo la formación ética en la División de Ciencias Biológicas y de la Salud de la Unidad Xochimilco de la UAM, se declaró “muy orgulloso de poder ampliar espacios en esta materia; en la academia se encuentran profesores de la UNAM, el Colegio de México, incluso independientes, por lo que es un honor recibir este nombramiento”.

El investigador universitario considera ésta una “responsabilidad muy grande” y una de las ideas es tender puentes de comunicación con la UAM, ya que la misión no debe ser celebrar reuniones como un club social, sino buscar soluciones más allá de las vías institucionales.

Trabajo entre pares

El modelo de la Unidad Xochimilco promueve en principio la interdisciplina, un elemento poco ejecutado en la cotidianeidad debido al desconocimiento del trabajo que los propios académicos mantienen de sus pares, a pesar de pertenecer al mismo Departamento o laboratorio.

La ética en salud es una de las prioridades del doctor Álvarez Díaz para combatir dicha fragmentación, pues considera que mediante la participación de toda la comunidad universitaria “la academia puede ser un espacio de encuentro muy enriquecedor”.

El investigador dijo que estudió Medicina y se especializó en sexualidad humana y bioética sin seguir el camino lógico de adentrarse en temas de química. “Cuando uno elige una carrera no sabes bien de qué se trata, se lo digo a mis alumnos. A mí me interesaba mucho conocer el funcionamiento del cuerpo, la biología y la enfermedad”.

Conocimiento en la práctica

La incursión en las ciencias sociales y la reflexión filosófica sobre el quehacer médico provino a partir de su experiencia de trabajo en hospitales y sitios carentes de equipamiento y atención de calidad a los pacientes, quienes requerían, por ejemplo, un refrigerador para las unidades de insulina.

Luego de haber trabajado en asuntos de reproducción asistida en el área clínica y ginecológica comenzó sus primeros análisis en embriones humanos ligándolos a polémicas sobre la eutanasia o el aborto, pero “al convivir con las parejas me di cuenta de que la parte psicológica no la abordábamos del todo desde la perspectiva de las ciencias de la salud”.

Opción por la bioética

La parte técnica está bien definida aunque no sucede igual con el trato humano. Uno de los detonantes para llevar su formación hacia la bioética fue el caso de dos mujeres que atendió: una de ellas tenía útero sin ovarios y la otra poseía ovarios pero no útero.

Ambas querían que se les colocara los óvulos de una en la otra, lo que es técnicamente posible, pero “desconocía si se debía hacer en un contexto como el de Ciudad Juárez, con pocas condiciones de seguridad para un recién nacido”.

Al dar a conocer el caso en Perú, en este país andino hubo reacciones negativas sobre el tratamiento que finalmente se había llevado a cabo. Más tarde lo expuso en Madrid, España, donde sus colegas no encontraron inconvenientes, evidenciando que “en diferentes contextos una misma situación científica técnica cobra dimensiones éticas muy distintas”.

En México existe una Comisión Nacional de Bioética desde 1992, sin embargo, por la exigencia legal en las recientes modificaciones a la Ley General de la Salud aún no se consolida; “faltan cuestiones prácticas y metodológicas para que la gente realmente aplique la bioética”.