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#HerenciadelMéxicoAntiguo El príncipe de las flores

Carlos G. Alviso López
 

Los mexicas sabían que la existencia de la danza, la música, las flores y el maíz, era gracias a Xochipilli, dios de la abundancia y lo fértil de la tierra, siempre estaba en la algarabía que influía en la conciencia de los seres humanos que eran propensos a las artes. Los vocablos que conforman su […]


Los mexicas sabían que la existencia de la danza, la música, las flores y el maíz, era gracias a Xochipilli, dios de la abundancia y lo fértil de la tierra, siempre estaba en la algarabía que influía en la conciencia de los seres humanos que eran propensos a las artes.

Los vocablos que conforman su nombre son: Xóchitl que significa flor y pilli, que quiere decir príncipe. Hay quienes lo traducen como, flor noble o hermosa, no obstante a estas acepciones, los antiguos fomentaban la importancia de su deidad y simbología en la naturaleza mundana.

Sus labores estaban encaminadas a ayudar a que el Sol encarnara en el crepúsculo y, asimismo, castigaba a aquellos que abusaban en los vicios banales como la embriaguez excesiva, la lujuria, los encuentros sexuales prohibidos y la traición.

Xochipilli tenía un tocado en su cabeza repleto de flores y un sencillo braguero o  máxtlatl. En el mundo mesoamericano, la dualidad en los dioses era marcada y en su caso, el príncipe de las flores tenía una hermana melliza, hermosa Xochiquetzal.

Su paciencia era admirable, era analítico y preciso para que las flores y el maíz estuvieran a tiempo, porque cualquier falla, podría desencadenar una serie de alteraciones en las cosechas y en el florecimiento primaveral de un sinfín de especies.

El esparcimiento era parte del fomento que Xochipilli tenía a su cargo, para que los humanos desarrollaran sensibilidad y nociones cognitivas, el dios de las flores creó el juego Patolli que influía en los infantes a que comprendieran el movimiento cósmico.

En Teotihuacan, le llevaban ofrendas vastas de alimentos y platillos especiales, además, los prisioneros cautivos eran inmolados en su honor, quitándoles la piel misma que se colocaba en una figura dedicada a Xochipilli. Aseguran que Xochimilco, es aún el lugar donde mayormente fue venerado.

La alegría, los instrumentos musicales y los bailes acompañados de sones y ritmos  son el legado que Xochipilli dejó a los humanos. Su regocijo y actitud siempre feliz, relacionado en festivales y fiestas de las flores es una herencia más del México antiguo.