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Plasman elemento tierra a modo de hogar, sepulcro y alimento en el Mural del Milenio

Como parte de sus exposiciones temporales, el Museo Galería de Arte Mexiquense “Torres Bicentenario”, exhibe 34 pinturas inspiradas en los cinco elementos de la naturaleza: aire, tierra, fuego, agua y éter que integran la muestra “El mural del Milenio”.

Distintos artistas están a cargo de esta muestra cuya obra instalada es evidencia de su experiencia y conexión con la naturaleza, representando estos cinco elementos como un todo, el recorrido por sus salas permite concebir cada uno, sin ser separado de los demás.

Ejemplo de ello es el trabajo que realizaron ocho artistas con el elemento Tierra. Alberto Ramírez Jurado, a través de un óleo y esmalte sobre tela plasmó “La tierra y yo”, una pintura abstracta que contiene los colores del momento en que fue pintada, el sol quemante que abraza el planeta Tierra y altera nuestra percepción.

Por su parte, Inda Sáenz pinta una naturaleza muerta con los frutos de la Tierra, maíz, chiles, rábanos, tomates, la abundancia del lugar que nos ha dado identidad, a la que puso por nombre “Naturaleza muerta con mural teotihuacano”.

En la obra de Sandra Pani su cuerpo es motivo de creación, investigación e inspiración. Consciente de la relación viva que tenemos con la naturaleza estudia esta comunicación sensorial entre la tierra y su ser, y ella decide darle por título “De ser de la tierra”.

Ariosto Otero pintó “Fracking”, donde el elemento Tierra sangra, brotan los cuerpos que ahí reposan, Mictlantecuhtli, el Dios de la muerte, los deja salir a través de la memoria colectiva y con la sobreexplotación de los recursos naturales.

En la pintura de Édgar Cano, “Tierra”, muestra el cuerpo femenino que lleva consigo la esencia de la Tierra como fertilidad, refugio y hogar y el cromatismo de la obra nos acerca al elemento, la habitación y el cuerpo son templo y deidad.

Óscar Gutman ha investigado al paisaje desde sus tonalidades y texturas, en esta obra la Tierra son curvas que se rompen con ángulos, islas pintadas con barro atravesadas con el azul del “Agua subterránea”. La Tierra de este artista es un elemento estético que no necesita narración, su belleza es suficiente para estar en la obra.

“Territorio Coatlicue”, de Enrique Oroz, es el misterio de la creación que extingue y da, que destruye y renace. La Tierra de Oroz es insaciable, durante siglos recibió sacrificios humanos, es diosa que debemos alimentar para que nos alimente.

Finalmente, Ximena Subercaseaux muestra este elemento a través de un viaje en donde se lleva a su tierra, su casa, décadas de trabajo. Estamos en un sitio y recordamos otro, la nostalgia del lugar en donde vivimos nos acompaña.

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