Capital Estado de México

Opinion

#Tintero ¿Quién mató a Benito?

La tarde-noche del viernes 29 de octubre el joven Octavio Augusto Pérez Ocaña, más conocido por su nombre de actor, Octavio Ocaña, y multipresencial por su papel de “Benito” en una serie de televisión, falleció de un balazo en la cabeza tras chocar su camioneta contra un muro de contención a causa de una persecución  policíaca. El aletargamiento de autoridades (se supone) para informar al respecto, ocasionó que la vox populi se convirtiera en vox dei. De inmediato más de uno se convirtió en perito, en experto criminólogo. ¿Qué pasó?

Versiones encontradas circularon por parte de las autoridades municipal y estatal. Mientras una decía que el malogrado actor había muerto en el vehículo, otra afirmaba que había sido trasladado aún con vida a un  hospital donde, por desgracia, perdió la vida. Este evento multidifundido por tratarse de una persona pública con una trayectoria limpia, tanto en lo personal como profesional, ha suscitado un sinfín de especulaciones que se sobreponen al dictamen oficial de la Fiscalía estatal. Videos difundidos por el C-5 son rechazados pese a su veracidad.

Este lunes,  la FGJEM emitió un comunicado en el, punto por punto, detalla la dinámica de los hechos pero, por desgracia, nadie cree la verdad oficial. Aunque veamos una y otra vez el video de la persecución y aunque leamos una y otra vez el dictamen con resultados del examen toxicológico nadie se la cree. En casa, y con los compañeros de oficio, permea la percepción de que al joven le quitaron la vida. No se diga con sus familiares y compañeros actores. Es verdad, todos estamos dolidos, dañados y apesumbrados por tan infausto acontecimiento pero…

¿Todo esto es válido para rechazar la conclusión de una Fiscalía que, quiero pensar, sabía de qué se trataba? No sólo está en juego la credibilidad y prestigio de un ente público, sino del gobierno. Espero, de todo corazón, que la verdad y la justicia prevalezcan, que Dios dé paz a los corazones de sus familiares, compañeros y fanes. La mala fama, y el peor proceder de algunos elementos daña la reputación de instituciones públicas. ¿Quién mató a Benito? Yo no soy perito ni criminólogo para dilucidarlo, ¿y usted?

Salir de la versión móvil