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Opinion

Puntos sobre las ÍES

Veracruz es el estado en el que ahora se pueden apreciar con mayor claridad las dimensiones y las estructuras del cambio que se ha ido produciendo en el país de manera casi imperceptible.

En el reciente proceso electoral no se dejó de cuestionar qué pasaría si en estos comicios el voto duro o la organización de los partidos resultara insuficiente para canalizar una elección que, pese a ser formalmente democrática, terminara por ser ilegítima ante el número de abstenciones y de clientelismo.

Sin embargo, la elección de Veracruz sí alcanzó la legitimidad plena no sólo por lo reñido de la gubernatura, no sólo porque fue el segundo intento de Miguel Ángel Yunes para ser gobernador, ni por la forma tan sorprendente en la que se posicionó Morena. Sino porque ahora llegó el momento de la verdad y más allá de las declaraciones, del juego de la política y de los años tan difíciles que últimamente han tenido los veracruzanos, hay un curioso equilibrio tanto en el Congreso estatal como en el reparto del poder entre panistas y perredistas.

En ese sentido, Veracruz será un estado que definirá parte del comportamiento y de la regla política que se establecerá a partir de este momento hasta la elección Presidencial.

Pero ahora los datos que se han registrado apuntan hacia una radicalización política, puesto que ninguno de los contendientes ocultó su intención de irse a la yugular del sistema en caso de no ganar. Sin embargo, ya hay un ganador y éste trae consigo una factura que no sólo afectará al titular del Poder Ejecutivo actual, sino también al que le precedió.

Y como pasa siempre la justicia es un problema de pruebas, de consecuencias y de capacidades para articular una argumentación en contra de lo que se acusa. Y en ese sentido, a partir de este momento el diálogo político en Veracruz será todo un exponente de lo que nos espera.

Por lo tanto la pregunta es clara: ¿cuál será el equilibrio de poderes del Congreso veracruzano donde Morena tiene un peso tan significativo? Porque la mayoría relativa le pertenece a la coalición que ganó la gubernatura, es decir, a la alianza PAN-PRD. A menos que los diputados estatales sean incluidos en las listas por pertenecer al PRD y tengan la posibilidad de aliarse hasta llegar a conformar una mayoría relativa con sus compañeros de Morena.

Pero en cualquiera que sea el caso, el PRI necesita reinventarse en ese estado. Donde ahora es evidente que por el resultado electoral y por la crueldad de la batalla, se va a exigir una reestructuración profunda de liderazgos, programas, presencias y definiciones.

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