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PRI sucesión 2018: regresar a los clásicos, aunque falta que gane

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Por: Carlos Ramírez/ Indicador Político


Para quienes saben leer –y no ler– la realidad real que se esconde detrás de la realidad virtual, la presencia del presidente Enrique Peña Nieto en el PRI el sábado 27 de noviembre tuvo cuando menos tres mensajes en clave para el próximo 2018:

1.- El candidato presidencial va a ser señalado directamente por el Presidente de la República.

2.- El espacio de acción va a ser el PRI y por ello ingresó el gabinete al consejo político nacional.

3.- El factor decisivo será el modelo económico que viene desde la sucesión presidencial de 1982.

Lo que no quedó claro es si estas tres reglas operativas serán suficientes para ganar las elecciones presidenciales de 2018 y conservar la presidencia otros seis años más o si la oposición repetirá la hazaña del 2000.

La disputa por la candidatura se ha trasladado al gabinete Presidencial, con la certeza cuando menos inmediata de que el PRI y los priistas no causarán problemas con fracturas. Y aunque el presidente Peña parece ya haber decidido en la “intimidad de su despacho” (frase de López Portillo), entonces viene un año de administración de la guerra de posiciones al interior del Gobierno.

Otro dato que se refleja de la realidad radica en la certeza de que las circunstancias se han acomodado en sus expresiones extremas para dibujar el mismo escenario de antes: la polarización entre economía y política, aunque no como dilema sino como exigencia para la preparación de los aspirantes a la silla presidencial gestatoria que se carga simbólicamente en cada aparición presidencial.

Desde la sucesión de 1970 el PRI ha llegado a la gran decisión con dos opciones: el representante del modelo económico y el gestor de las crisis políticas. En 1970 fue Antonio Ortiz Mena-Luis Echeverría, en 1976 José López Portillo-Mario Moya Palencia, en 1982 Miguel de la Madrid-Javier García Paniagua, en 1988 Carlos Salinas de Gortari-Manuel Bartlett, en 1994 Luis Donaldo Colosio/Ernesto Zedillo-Manuel Camacho Solís y en 2000 Francisco Labastida Ochoa-Roberto Madrazo Pintado. Y desde 1976 la decisión ha sido la de la continuidad económica.

Ahora mismo el dilema se aparece en los pasillos del poder de Los Pinos: José Antonio Meade y Luis Videgaray Caso representan la continuidad del modelo económico, en tanto que Miguel Ángel Osorio Chong dibuja la opción política de administración de la crisis. En la parte política se ha fortalecido la opción Manlio Fabio Beltrones desde fuera del gabinete, pero por la dimensión de la crisis política inmanejable dentro del gabinete. Los demás anotados y hasta autonominados son parte del juego del poder que todo presidente de la República necesita para operar la designación del candidato.

En 1976 y 1982, la opción tecnocrática fue impuesta por la grave crisis económica y administrativa del Gobierno Federal; la de 1988, 1994 y 2000 estuvo en la lógica de la continuidad del modelo económico. Las candidaturas priistas de 2006 y de 2012 obedecieron a un reacomodo de grupos de poder en medio de presidencias panistas de la República.

Los factores imponderables podrían precisar la selección final: por Trump, el modelo económico no requiere continuidad sino un replanteamiento económico-político, y la crisis política exige la reconstrucción del sistema político. Estas disrupciones podrían alterar el plan de vuelo ya aprobado en Los Pinos.

En este escenario sucesorio ocurrió la decisión presidencial de meter a su gabinete al consejo político nacional del PRI.

Política para dummies: La política es la habilidad para identificar la realidad (real) de la realidad (virtual).