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Opinion

Pacto electoral

No hay columna, ni videocolumna y tampoco película que pueda expresar exactamente las consecuencias de los últimos nueve meses que han traído consigo un verdadero parto histórico.

Ahora, ¿cómo está la gente por las calles en Estados Unidos? ¿Cómo están las personas en esa ciudad que representa no sólo al imperio del norte, sino al mundo entero llamada Nueva York? Al momento estupefacta, puesto que ahí como en California es uno de los pocos sitios donde los liberales siempre ganan.

Pero lo que más les causa sorpresa igual que a mí, es que a pesar de que todos sabíamos que existían dos caminos, o latinizar a la potencia mundial o americanizarla; el resultado del voto latino en diferentes estados terminó por contribuir, junto con los llamados blancos, a la victoria de Donald Trump.

¿Por qué lo hicieron? Tal vez porque ellos también creen que en tiempos de tribulación no hay que hacer mudanza, como lo aseguraba el fundador de los jesuitas, Ignacio de Loyola, o porque ya se han arraigado tanto que tienen el síndrome de los estadounidenses.

Cuando EU tiene miedo hace dos cosas, por una parte saca la Biblia familiar –si es que la tiene y si no se la inventa– y por otra, limpia el revólver y dispara contra lo que se mueve.

Todas las propuestas que ha hecho Trump no están respaldadas por ningún programa, por ejemplo, partiendo desde su lema de campaña “hagamos a Estados Unidos grande otra vez”, ¿en qué lo engrandecerá? Porque ese país ya es grande en el control militar, en el control financiero y en el tecnológico.

Entonces, ¿a qué se refiere? ¿De dónde quiere hacer más grande a esa potencia mundial? ¿O acaso quiere ocupar 50 por ciento de lo que no se comió de México y por eso quiere construir el muro?

Y es que, Trump ha llegado al triunfo con todo en contra, sin equipo, sin propuestas y sin programa, y ahora es probable que haga posible el milagro de ser más lúcido e inteligente que todos los think tanks del mundo.

Pero de momento el pueblo estadounidense eligió a un guía y a un hombre, pero no eligió a un equipo, y lo hizo más por rechazar lo que tenía que por abrazar lo nuevo.

¿Cómo se siente la gente ahora? Los que votaron por Trump seguramente muy felices. Aunque no hay que olvidar que a ese especulador inmobiliario le votó casi la mayoría del pueblo de EU, es decir, no fue un éxito tramposo ni minoritario, sino que fue el éxito de un desgarro contra un sistema que ya no funciona más.

Y en ese sentido, los pocos sistemas que todavía quedan vivos deberían tomar nota, porque o se transforman desde adentro o simplemente serán barridos por la historia.

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