Capital Estado de México

Opinion

La estrategia de la denigración

Por Vladimir Galeana

 

Hasta ahora no he conocido una sola propuesta de quienes se asumen como posibles candidatos a la Presidencia de la República en el 2018. Vaya, ni siquiera los propios partidos cuentan con una propuesta sólida que tengamos que conocer los mexicanos, ya que somos finalmente los que decidiremos quién detentará el poder una vez que termine la administración de Enrique Peña Nieto.

El problema es que la visión cortoplacista de nuestros políticos esta enfocada a la destrucción del adversario y no a la construcción de propuestas.

La denigración es ahora parte fundamental de la lucha política. La razón es sencilla: es más fácil destruir que construir, y más, ante un escenario donde la mayor parte de los políticos del momento y aquellos que tienen posibilidades reales de avanzar hacia una candidatura presidencial saben que es preciso derribar desde ahora las fortalezas de los adversarios sin importar la forma y la causa.

No se necesita pensar mucho cuando de verter denostaciones y epítetos se trata, lo que habla de la poca capacidad de quienes planean y construyen las campañas negras que estamos presenciando, y que decidieron transitar por un camino muy conocido que otorga resultados inmediatos, aunque después vengan los problemas porque resolver cada uno de los retos que tenemos encima los mexicanos, requiere de especialidades que por desgracia pocos tienen o llegan a tener.

No faltará quien señale que para eso son los especialistas, pero quienes deben tener al menos una pizca de intuición y de conocimiento real de los problemas del México de nuestros días, son los que por ahora prefieren la reyerta y no el análisis de la forma en que debemos combatir esa maldita pobreza que por mucho que lo nieguen, sigue arraigándose cada día más entre nosotros. Hace muchos años que los mexicanos estamos en busca de un estadista, y parece que no existe entre los hombres y mujeres de esta nueva generación de simples ambiciosos del poder y del dinero.

Que me disculpen aquellos que hicieron la iniciativa de la declaración tres de tres, porque ante la especialidad por las malas artes de quienes participan en política, la realidad es que no existe voluntad por la honestidad y la decencia.

La doctrina del fin justifica los medios es nuestra lacerante realidad, y no se visualiza un cambio en los paradigmas del ejercicio político porque han sido borrados por las ambiciones de poder de los hombres y las mujeres de todos los partidos políticos. México no es el motivo de la disputa, tampoco el programa porque no existe, y mucho menos las ideologías, ya que por ahora resultan arcaicas. Si algo nos tiene que quedar claro a los mexicanos es que México tampoco importa, lo verdaderamente importante es el poder, y la lucha será cruda y salvaje. Al tiempo.

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