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Opinion

La chamarra roja identifica a Meade como militante priista

Por Eduardo Ruiz-Healy
El domingo pasado quedó claro que José Antonio Meade fue incapaz de convencer a la mayoría de las personas de este país de que era un candidato independiente, ajeno al PRI, pero postulado por este partido porque entre los miles de priistas aparentemente no había uno solo capaz de ser su candidato presidencial.
Las encuestas demuestran que su candidatura –dizque independiente– no prosperó y es hoy un estrepitoso fracaso.
De acuerdo con encuestadeencuestas.mx elaborada por AZ2, desde diciembre del año pasado hasta ayer, estos son los porcentajes de encuestados que cada mes han manifestado su intención de votar por él.
Diciembre: 18.46%; enero: 19.8%; febrero: 18.83%; marzo: 18.58%; abril: 18.64%. Tomando en cuenta tres encuestas publicadas en lo que va de mayo, que encuestadeencuestas.com utiliza para obtener su promedio, Meade logra en el mes en curso 14.97 por ciento, 3.49 puntos porcentuales menos de lo que obtuvo en diciembre de 2017.
En el mismo periodo, el porcentaje de quienes se inclinan a favor del panista Ricardo Anaya aumentó de 20.67 a 26.25 por ciento, un incremento de 5.58 puntos.
También de diciembre a mayo, el porcentaje a favor del morenista Andrés Manuel López Obrador se incrementó de manera importante, de 28.33 a 37.38 por ciento, un aumento de 9.05 puntos.
En cuanto a los candidatos independientes se refiere, tanto Margarita Zavala de Calderón Hinojosa como Jaime Rodríguez bajaron en las preferencias ciudadanas, la primera de 6.08 a 2.88; el segundo de 3.02 a 1.62 por ciento. Ninguno de los dos pinta ni pintará en esta competencia.
Meade no logró mayor aprobación porque es el candidato de un partido por el cual nunca votarán 4 de cada 10 personas, sea quien sea su candidato.
El 30 de noviembre escribí aquí que “Para convencer a millones de votantes de que es un hombre verdaderamente independiente del PRI, sobre todo de sus aspectos más nefastos, Meade debe moderar sus elogios hacia el partido que lo hará su candidato. Además, para proteger la fama que tiene de ser honrado haría bien en no dejarse ver demasiadas veces junto a aquellos priistas que se dice y comenta que son corruptos y muy ricos gracias a los cargos públicos que han ocupado”. Le sugerí “mantener una sana distancia del PRI, pero sin ofender a los priistas, cuyo apoyo tanto necesita”.
Desafortunadamente para él, desde el principio Meade se volcó en elogios hacia el PRI y los priistas, se negó a aceptar los aspectos oscuros de ese partido y, para colmo, incluyó en su equipo de campaña a varios personajes francamente impresentables. Nunca mantuvo la sana distancia…
Desde el domingo pasado Meade es un priista más, a pesar de que no tenga la credencial que lo acredite como un militante. La chamarra roja que usó en el evento es la mejor prueba de ello. Al ponérsela anuló sus escasas posibilidades de ganar la Presidencia de México.

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