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Opinion

Ivonne Ortega enterrará al PRI que hundió Madrazo en 2006

Por: Carlos Ramírez
A pesar de que en los pasillos del poder se tiene la certeza de que los priistas disidentes quieren usar la XXII asamblea como rehén para obtener candidaturas legislativas el próximo año, existe también la inquietud de que una candidatura presidencial por votación abierta repetiría los casos de los derrotados Francisco Labastida y Roberto Madrazo.
Todos los priistas anti dedazo fueron en su momento beneficiarios del dedazo presidencial hasta el 2000 y de jefes de facciones en el 2000-2012. Las derrotas del 2000 y 2006 ocurrieron por acciones que el PRI quiere repetir: la XVII asamblea nacional ordinaria de 1996 que le puso candados a los dos precandidatos de Ernesto Zedillo y la votación interna que hizo candidatos a Labastida y a Madrazo.
La clave del poder de los presidentes priistas de la república se basaba en la facultad de designar a su sucesor. En la junta de Plutarco Elías Calles con militares en 1928 para designar a los presidentes interino y constitucional por el asesinato de Obregón se definió el verdadero poder político de los presidentes: la designación del sucesor.
Los afanes democráticos recientes de priistas beneficiarios del dedazo podrían estar aportando los elementos para prever el fin histórico del PRI. Esos priistas no entienden que el secreto del poder del PRI no ha estado en el presidencialismo absolutista, ni el PRI como el partido del Estado-gobierno. Ni la política de bienestar social, sino que el poder del PRI fue la facultad metapolítica del presidente de la república de designar a su sucesor y a todos los candidatos a cargos de elección popular: la cohesión piramidal.
Cuando el presidente saliente de la república no pudo designar al candidato, el PRI perdió: 2000 y 2012. En 1994 Zedillo sí fue candidato de Salinas de Gortari, pero rompió con él para desembarazarse de los señalamientos de complicidades con el asesinato de Luis Donaldo Colosio.
El PRI se construyó sobre pilares invisibles del autoritarismo que se han ido desmontando:
–El poder autoritario por el ejercicio presidencial del monopolio de la fuerza y la represión: el control subordinado de las armas, las policías y el ministerio público; la CNDH y los organismos autónomos debilitaron la presidencia priista.
–El control del aparato electoral –Bartlett en 1988 lo elevó a la altura del cinismo de Estado– le permitía al presidente saliente manejar los resultados electorales; el IFE-INE le quitó ese poder.
–El manejo sin restricciones del presupuesto le dio al presidente el margen absolutista de decisión porque dinero público financiaba campañas y candidatos y beneficiaba aliados; las restricciones de cuenta pública han bajado ese poder.
–La facultad metaconstitucional del presidente de la república como jefe máximo del PRI se sustentaba en el poder absolutista de designar a los candidatos a cargos de elección popular, sobre todo al candidato presidencial; el PRI nació como el aparato político del dedazo.
Y ahora los priistas quieren terminar con el dedazo como el último bastión del poder priista para acabar como el PAN o el PRD disputándose candidaturas con rupturas internas.
La mejor forma de ayudar a liquidar de una vez por todas al PRI es apoyando a los disidentes para impedir el dedazo de Peña Nieto en la candidatura presidencial. Ivonne Ortega Pacheco –que debe todos sus cargos a dedazos– sería la candidata ideal para enterrar al PRI. Por eso tiene que ser la candidata presidencial del PRI.
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