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Opinion

#HerenciadelMéxicoAntiguo El Quetzal: Plumaje de cosmos y libertad

Carlos G. Alviso López

Durante mucho tiempo se dijo que los dioses había premiado a los quetzales, pues en tiempos prehispánicos, nuestros antiguos mexicanos sabían que eran las aves que no sólo representaban a la libertad en su vuelo, sino también la belleza en sus deslumbrantes tonalidades azules y verdes en su plumaje, plumaje que portaban con orgullo y notoriedad.

Pero además, los dioses les concedieron la magia,  la responsabilidad de recordar a los mortales en cada aleteo, el cuidado y la valoración de los elementos principales por los que está compuesto el habitual transcurrir del mundo, ya que, decían, al abrir sus alas y emprender el vuelo, sagrada mente llevan en sí mismos agua, tierra, fuego y el viento.

Los sabios prehispánicos aseguraban que el movimiento de sus alas del quetzal estaba regido por el mismo andar de las constelaciones universales. Decían también, cuando una parvada de estas aves cruzaba el cielo, eran un grupo de estrellas que buscaban reconfortar a la humanidad por algunos segundos.

En ceremonias sumamente especiales dedicadas a los dioses estelares, a la fertilidad, al renacimiento de un sol nuevo, los danzantes de muy altos rangos eran los únicos que podían portar en sus vestimentas la ornamenta que daba el plumaje del quetzal, sólo ellos dignificaban el conjunto de plumas del cosmos y libertad.

No en vano la serpiente emplumada Quetzalcóatl despojó de su plumaje a los quetzales para engalanar su porte e imponerse como una de las deidades más valiosas de nuestros antepasados.

Reza una leyenda que Quetzalcóatl, lucero de la mañana, guiaba con el esplendor de sus verdeazuladas tonalidades a la luna en su despedida cada amanecer y la hacía coincidir con el sol en un Instante del día para relucir ambos, al mismo tiempo y en sus propios espacios en el cielo y de esa forma la humanidad entendiera por un instante la dualidad del mundo. Por ello, los espíritus de quienes anteceden a muchas generaciones, dicen, viven en la luz que destellan sus plumas y que un día fueron parte de algún ritual o festejo pregispabico, hoy son herencia del México antiguo.

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