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Opinion

Ganar el debate

Si alguien es especialista en colocar los temas del debate nacional en los medios de comunicación y en la imaginaria de los mexicanos que muestran interés acerca del fenómeno político, sin duda es Andrés Manuel López Obrador, y los meses siguientes debemos acostumbrarnos a sus dicterios, críticas y a los llamados a ese segmento poblacional que se identifican como “los que menos tienen”. Para decirlo de otra forma, ellos pueden ser los que inclinen la balanza en la elección de 2018.
El tabasqueño se ha acostumbrado a lanzar improperios porque sabe que nadie le va a contestar o lo va a increpar, porque tienen mucho que perder. Y más cuando pese a que los medios de comunicación han reseñado profusamente los procesos de corrupción que se presentaron cuando estuvo al frente del Gobierno de la Ciudad de México, pareciera estar vacunado contra cualquier acusación en ese sentido.
Muchas cosas se han dicho del tabasqueño, y quizá la mayor parte de ellas tengan una alta carga de verdad, pero lo que nadie puede decir o afirmar es que sea tonto. Por el contrario, es un hombre sagaz, aunque durante su formación académica haya demostrado que dejó mucho que desear. Una cosa es que sea ignorante, y otra cosa es la natural intuición que posee para detectar cuando existe un peligro que pueda poner en riesgo su proyecto.
Un hecho que comprueba esa intuición a la que me refiero es que ante los constantes ataques a la candidata del Movimiento de Regeneración Nacional a la Gubernatura del Estado de México, Delfina Gómez Álvarez, en el sentido de ligarla con quienes protagonizaron los lamentables hechos de Iguala en los que desaparecieron 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, de inmediato el señor López Obrador centró sus ataques verbales contra el Ejército mexicano acusándolo de causar la muerte de menores de edad.
El debate tomó camino en los medios de comunicación y no faltó quien buscara el linchamiento del tabasqueño para reivindicar a la institución armada mexicana.
Mientras esto ocurría el foco se quitó de encima de la exalcaldesa de Texcoco, y el debate acerca de su cercanía con los hechos de Iguala terminó por desaparecer del imaginario colectivo. A este tipo de reacciones me refiero cuando califico al tabasqueño de intuitivo. Puede ser autoritario, ignorante, corrupto y hasta delincuente electoral, pero no tiene un pelo de tonto.
Mientras los demás tratan de encontrar la forma de acceder a una candidatura presidencial, el señor López sigue avanzando. Pero también ha logrado algo que puede detener su carrera hacia la Presidencia de la República, y no es otra cosa que una alianza conformada en el centro democrático, o sea en la indefinición ideológica, entre panistas, tricolores, perredistas y los que se sumen. Hasta ahora el señor López ha ganado el debate, ¿ganará la elección? Al tiempo.
vladimir.galeana@gmail.com

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