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El peso de la ley

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Por: Vladimir Galeana Si algo podemos decir del presidente Enrique Peña Nieto es que ha sido un hombre muy amigo de sus amigos, y eso quiere decir que los ha tolerado en las buenas y en las malas. Claro está que ningún proyecto político puede operarse con cualquier persona porque lo que está de por […]


Por: Vladimir Galeana
Si algo podemos decir del presidente Enrique Peña Nieto es que ha sido un hombre muy amigo de sus amigos, y eso quiere decir que los ha tolerado en las buenas y en las malas. Claro está que ningún proyecto político puede operarse con cualquier persona porque lo que está de por medio son las posibilidades de triunfo o del fracaso. La política en este país se hace entre amigos y entre aliados, aunque eso no quiere decir necesariamente que eso la mantenga dentro de los parámetros de la excelencia.
En la mayor parte de las veces los amigos estorban más que ayudar, por ello vale la pena señalar que lo óptimo sería una selección basada en el talento y la experiencia, pero en México las cosas salen mal porque se hacen mal. La mejor muestra es que desde hace algunos años los mexicanos hemos observado la forma en que los amigos del Presidente de la República han formado y conformado una de las generaciones de mayor voracidad que registra la historia del país.
Y aunque eso no quiere decir que la culpa recaiga directamente en el señor Peña Nieto, lo cierto es que hasta ahora no ha puesto un alto a quienes debieron ser más cuidadosos de las formas en el manejo de los recursos públicos. Las consecuencias están a la vista. El primer caso de impunidad se dio en Coahuila con Humberto Moreira, quien una vez que cumplió su mandato colocó a su hermano para que cuidara sus espaldas por el brutal saqueo de las arcas estatales que realizó durante su administración.
El tan llevado y traído pleito con su hermano ha sido una estratagema, pero bastante preocupados deben estar ahora que Humberto no logró hacerse de fuero y puede ser detenido en cualquier momento. Pero también debe preocuparle el encarcelamiento con fines de extradición de Javier Duarte de Ochoa en Guatemala y de Roberto Borge Angulo en Panamá. Es el principio del cobro de facturas, porque para tener la posibilidad de que el tricolor pueda convertirse en una opción real en la siguiente elección presidencial, requiere que quien la haya hecho la pague.
La lista de agravios es larga, pero nunca es tarde para comenzar. Lo previsible es que Humberto Moreira la pague, pero también que la justicia alcance a Rodrigo Medina, a César Duarte, Juan Sabines, Aristóteles Sandoval, Roberto Sandoval Castañeda, Gabino Cué Monteagudo, Mario López Valdez, y por fuerza también se debiera incluir a Rafael Moreno Valle por la deuda oculta que heredó a Antonio Gali Fayad, y que tendrán que pagar todos los poblanos, pobres y ricos.
Y ni que decir de Ángel Aguirre o Egidio Torre Cantú, pero también de Miguel Alonso Reyes. La corrupción está en todas partes y en todos los partidos. Vicente Fox desapareció 260 mil millones de pesos de excedentes petroleros, y el mayor ladrón del “calderonato” sin lugar a dudas fue Genaro García Luna. Pobre México. Al tiempo.