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Opinion

#Dobleces Reforma polarizada

Atrapada en la polarización, la Reforma Electoral versión 4-T derrumba principios democráticos construidos a lo largo de tres décadas. Lo superficial son los temas como la desaparición del Instituto Nacional Electoral y la creación del Instituto Nacional de Elecciones y Consultas (INEC), la reducción de 500 a 300 diputados y de 128 a 96 senadores; así como reducir el número de consejeros electorales. Así se mantiene la construcción de una narrativa cimentada en reducir gastos y personal, en detrimento de la democracia. Lo costoso no es la democracia, no tenerla o tenerla trunca es el riesgo.

La polarización está en el cenit de la lucha entre facciones. Transformadores contra conservadores.

La reforma va en contra de uno de los principios fundamentales establecidos en la Constitución, que es el federalismo, lo que sin duda implica un retroceso para la democracia. Al punto de degradar el trabajo legislativo y de los partidos políticos. Ambas instituciones pilares de la democracia en el país.

Lo que está más que conocido es que la Reforma Electoral del presidente Andrés Manuel López Obrador, no será aprobada en los términos en los que la planteó, por lo tanto, si quiere obtener un resultado distinto al de la Reforma Eléctrica, tiene que estar dispuesto a negociar y modificar el documento original.

Sin embargo, a esto se suma el mal negociador que es el coordinador parlamentario Ignacio Mier. No pudo aterrizar la reforma eléctrica. El futuro de la político-electoral corre el mismo riesgo por anteponer el adoctrinamiento partidista por encima de la negociación política.

La oposición ha sido muy clara y en diversas ocasiones ha dicho que defenderán al INE y su autonomía. Y por la naturaleza de los cambios, Morena y sus aliados necesitan de una mayoría calificada, lo que significa que deben generar acuerdos si en verdad quieren avanzar

De lo contrario, el último tramo del sexenio de la cuatroté se enfila a reforzar su estrategia de polarización creada desde la mañanera y sembrar la semilla del fraude electoral rumbo a 2024. A final de cuentas, el objetivo del presidente es perpetuar al partido que fundó en el poder. Lo que de fondo demuestra el poco interés que hay por la democracia sustancial en el país.

Lo que está sobre la mesa son las reglas del juego para disputarse el poder político para los próximos años. Por eso las normas deben ser acordadas por los distintos participantes y jugadores. De lo contrario, se convierte en un poder personal.

Lo preocupante de una reforma como la que quiere presentar Andrés Manuel López Obrador, es que no hay un reclamo social ni de las oposiciones frente al sistema electoral y no hay una voluntad de diálogo y de construir consensos, se trata de una agenda desde el poder para imponer su visión.

El punto riesgoso es acomodar las piezas para utilizar a la democracia como instrumento de ruptura y extinción de los adversarios.

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