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Opinion

#Dobleces El legislador perpetuo

Para el dirigente y propietario del Partido del Trabajo, Alberto Anaya Gutiérrez, la reelección legislativa y la reducción de legisladores plurinominales son temas excluidos de su agenda política. Aunque son temas abordados por la cuatroté encabezada por Morena, sus intereses particulares son trastocados, por ello los evita.

En febrero de este año, el presidente Andrés Manuel López Obrador, propuso eliminar las candidaturas plurinominales; que el Congreso de la Unión se integre por 300 diputados y no por 500 y el Senado de 64 y no 128 legisladores como en la actualidad.

Sin embargo, Anaya Gutiérrez es el conspicuo dirigente que desde hace más de tres décadas brinca de la Cámara de Diputados a la de Senadores a través de la vía plurinominal. Por ello es que este tipo de iniciativas no van con su ideario político.

Su formación de la vieja escuela maoísta, desprecia los principios democráticos. Ejemplo de ello es su indómita carrera, Alberto Anaya ha sido tres veces diputado federal (1994-1997, 2000-2003 y 2012-2015) y dos veces senador de la República (1997-2000 y 2006-2012), en todas las ocasiones por la vía plurinominal. En la actualidad, también es diputado por la misma vía.

En este punto y en el de eliminar la reelección, planteado por la candidata presidencial Claudia Sheinbaum, el Partido del Trabajo tiene matices. Anaya ha recurrido desde la fundación de su partido en 1990 a una reelección legislativa retorcida a través de la figura de plurinominal.

Hay que echar para atrás todas las reelecciones. Incluyendo la de diputados y alcaldes, señaló en su momento la abanderada de la coalición “Sigamos Haciendo Historia”.

El tema de desaparecer la reelección legislativa es la impostura del juego democrático y un componente propagandístico rentable en tiempos electorales. Beto Anaya, es el dirigente destacado en el manejo de estas figuras. Por ello es que mantiene distancia en la actualidad de la campaña presidencial.

Alberto Anaya se encuentra en una situación de desagrado e incluso de exclusión silenciosa y quiere salir a flote en la última campaña que se considera con la imagen del Presidente. Su espacio de confort era el trabajo conseguido a lo largo de 24 años, de la mano del presidente Andrés Manuel López Obrador y ya se acaba conforme se transita al final del sexenio de la cuatroté. Ahora, su presencia está diezmada, y él mismo se achica ante las nuevas formas de comunicar y transmitir el interés hacia los electores. Su partido ya huele a rancio y no se moderniza.

Desde hace un año, en los comicios de Coahuila, el PT se sometió a los designios de Morena. Y es que sin ánimos de convertirse en un partido de izquierda más amplio y moderno, el PT se encuentra anacrónico y con una severa crisis de identidad. Mantiene su espíritu fundacional maoísta y al mismo tiempo añora el nacionalismo revolucionario. A final de cuentas, mientras Alberto Anaya se encuentre en su ambiente legislativo, el PT seguirá siendo la meretriz del partido en el poder.

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