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Opinion

Democracia y la paradoja Krauze; es la sociedad, no López Obrador

Terminado en noviembre de 1983 y publicado en enero de 1984, el ensayo Por una democracia sin adjetivos –del historiador Enrique Krauze– colocó en el debate mexicano el tema de la democracia por sí misma, justo cuando la ciencia política le ponía adjetivos. Treinta y cuatro años después, la democracia sin adjetivos está llevando a la posibilidad de restaurar el modelo autoritario y populista de Gobierno.
En sí misma se trataría de una paradoja: un avance conlleva a una regresión, como lo señala Krauze en su artículo publicado en la página editorial del The New York Times el miércoles pasado. “En el retroceso global de la democracia, lo que podría estar en juego no sólo es un cambio de Gobierno, sino un cambio en la naturaleza misma de la democracia liberal”.
“¿Y si la democracia elige a quien no cree en la democracia?”, se preguntó el intelectual Ralp Dahrendorf (revista Metapolítica 37, septiembre-octubre 2004), en medio de las maniobras del venezolano Hugo Chávez para aferrarse al poder, modelo que fue seguido por otros revolucionarios latinoamericanos.
La advertencia de Krauze en el NYT le confiere responsabilidad a la democracia; por tanto, la discusión debe comenzar ahí: la democracia es o no es, incluyendo el riesgo de que demócratas se conviertan en dictadores. El problema tiene dos aristas:
1.- En el orwelliano año de 1984, el filósofo político italiano –maestro de politólogos mexicanos hoy en posiciones de poder– reconoció en El futuro de la democracia cuando menos seis promesas incumplidas de la democracia: grupos de interés marginaron a la sociedad, la representación popular fue derrotada por la representación de partidos, la democracia no fue el punto de identificación entre gobernantes y gobernados, la democracia sirvió para elegir pero no para determinar las decisiones de poder, el gobierno secreto elitista echó a la sociedad y la democracia perdió su sentido ético.
2.- Las decisiones de Gobierno no representaron a la democracia de la sociedad sino a políticas determinadas por el bloque de poder de intereses supranacionales. Krauze lo señala como el “descontento profundo” con los resultados de la democracia: pobreza y desigualdad, crecimiento económico magro, la violencia, la inseguridad, la impunidad y la corrupción. “Ante este balance desolador, la reacción natural en cualquier democracia es castigar al Gobierno en turno”.
Ante este escenario, de nada sirve cuestionar, criticar y alertar sobre el modelo neopopulista autoritario de López Obrador, si hasta ahora las tendencias le dan una ventaja de más de diez puntos sobre los otros candidatos.
La sociedad está castigando al Gobierno en turno, pero en el escenario de que los candidatos del PAN y PRI no enarbolan una propuesta de Gobierno para defender la democracia, atendiendo las demandas de bienestar de la sociedad. En este sentido, la falla no se localiza en la democracia sino en las ofertas partidistas. Y las élites intelectuales descuidaron su labor de educación política de la sociedad.
El mensaje de los electores es espeluznante: le han perdonado a López Obrador las marchas, las tomas de plazas, los choques violentos, el cuestionamiento a las instituciones, el plantón de Reforma, la presidencia legítima y la ruptura del orden constitucional en 2006 al tratar de impedir la toma de posesión de Calderón.
La conclusión es peor: la sociedad no quiere democracia sino castigo y bienestar regalado.
Política para dummies: La política es la capacidad de razonamiento hacia delante, no hacia atrás.
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