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Familias mexiquenses disfrutan del eclipse anular solar

Luego de casi tres décadas, el Estado de México presenció uno de los fenómenos astronómicos más impresionantes, un eclipse solar anular, también conocido como “Anillo de fuego”.

Miles de personas se dieron cita en distintos puntos de la entidad, como plazas, parques y museos, donde destacaron el Parque de la Ciencia “Fundadores”, en Toluca, y el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario (CCMB) de Texcoco.

El evento inició a las 09:34 horas y alcanzó su punto máximo a las 11:00 horas, cuando la Luna ocultó el 75 por ciento del disco solar. Pese a la nubosidad, los mexiquenses disfrutaron del eclipse.

La Coordinación General de Protección Civil y Gestión Integral del Riesgo reportó saldo blanco en los diferentes municipios donde la población disfrutó de este evento astronómico.

El eclipse anular solar reunió a más de 300 personas en la explanada del CCMB, donde Alejandro Aguayo Ortiz, Doctor en Astrofísica, explicó el fenómeno astronómico y dio los mejores consejos para una observación segura.

Las familias pudieron disfrutar del avistamiento a través de cristales especiales que les fueron proporcionados, mientras Aguayo explicó que es uno de los eventos más importantes que se presentarán durante este año y será hasta el 2024 cuando se vuelva a apreciar.

Mientras, en la Biblioteca se llevó a cabo una proyección de clips del género literario del horror, relacionado con los eclipses y sus mitos; posteriormente, se llevó a cabo el taller “Astronómicamente creativo”, dedicado a las y los pequeños, para que comprendan de una manera más sencilla, el espectáculo natural por medio del dibujo.

De igual forma, iniciaron los talleres “Ven a vivir el eclipse en el Museo” y “Eclip-sarte” donde se explicó la técnica del esgrafiado con motivo del fenómeno natural.

En el Parque de la Ciencia “Fundadores”, en la capital mexiquense, se dieron cita integrantes de la Asociación Astronómica del Valle de Toluca para observar el eclipse solar anular. Los expertos guiaron de una forma segura a las y los presentes para observar cómo la Luna se interponía al Sol formando un círculo, como de fuego, de ahí su nombre, a través de telescopios, filtros solares especializados y gafas especiales.

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