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Puntos sobre las ÍES

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Enseñar al maestro


Tal vez nunca imaginamos el espectáculo en el que se convertiría la restauración del poder del Estado sobre aquellos que resultaron ser desobedientes, distraídos y en ocasiones hasta mal preparados e incapaces de formar un correcto orden social, como ahora lo son gran parte de los maestros que en lugar de cumplir con su deber en las aulas, sólo deciden hacer plantones y marchas en diferentes partes de la República Mexicana.

Y la verdad es que nunca estaré en contra de los maestros, ya que sin duda ellos son elementos clave para entender la vida.

Pero ahora, con todo lo que está pasando en México, con las relaciones de poderes en el Gobierno Federal, en los gobiernos estatales y en los sindicatos, considerando la vigencia de nuestras reformas legislativas, estamos recibiendo como país una gran lección.

Y es que, es tan grave el hecho de combatir desde las calles la voluntad decretada en los Congresos –tanto el Federal como el Estatal– para modificar nuestra ley fundamental de la enseñanza, que poco a poco vamos olvidando una pregunta elemental: ¿quién y de qué manera enseña a nuestros enseñantes? Porque en México ha existido una mala calidad en la educación, salvo aquel momento en el que tras la Revolución y de la mano de José Vasconcelos, logramos cambiar las balas por los libros.

Entonces ¿en qué punto nos perdimos? En qué punto, en medio de todo este debate, del levantamiento de la sociedad, de la lucha entre partidos –sólo con fines políticos y no sociales o educativos– de un elemento tan fundamental como es la enseñanza, terminamos por desterrar de nuestro lenguaje común la calidad de los maestros. Sobre todo cuando ésta es la garantía de las armas con las que se defenderán nuestros hijos.

Puesto que ningún niño en el mundo se puede defender sin una preparación y sin una educación que empieza en casa y que continúa en las escuelas.

Vivimos una era en la que ya enseñan más los estudiantes que los maestros. Porque la relación ha cambiado completamente, donde hay una estructura común en la que todos somos autodidactas.

Y en ese esquema perdemos el tiempo despidiendo maestros y olvidando otra gran pregunta: ¿es nuestra obligación como sociedad, como contribuyentes y como ciudadanos repasar y revisar de verdad para qué sirve nuestra educación? Porque es positivo que el gobierno ahora emprenda una batalla para que las leyes se cumplan, pero además yo sugeriría incorporar y considerar la calidad de la educación como un elemento esencial para el futuro del país a fin de que pueda ser revisada con ambición, realismo y con un claro concepto de la demanda.

Antonio Navalón
@antonio_navalon