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PRI 2018: crisis política real, crisis económica bajo control

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Por: Carlos Ramírez Desde el proceso de nominación del candidato presidencial priista en 1976, los escenarios se han movido entre dos aspirantes: la opción política y la opción económica, y un tercero como factor de compensación. Como en el 2000, el espacio político de 2018 estará determinado por la posibilidad de que el presidente Peña […]


Por: Carlos Ramírez
Desde el proceso de nominación del candidato presidencial priista en 1976, los escenarios se han movido entre dos aspirantes: la opción política y la opción económica, y un tercero como factor de compensación. Como en el 2000, el espacio político de 2018 estará determinado por la posibilidad de que el presidente Peña Nieto mantenga la Presidencia para el PRI o la ceda a la oposición.
Todo proceso de nominación priista está fijado por tres escenarios del presidente en turno de acuerdo al factor ineludible e insustituible de la continuidad, pero con tres variables muy específicas: personal, de grupo y de proyecto. Quizá el escenario de 2018 sea similar al de 1994, con la salvedad de que ahora las posibles tres piezas sucesorias garantizan las tres condiciones sucesorias, lo cual hará más difícil la decisión.
La terna de este modelo analítico de sucesión estaría entre Luis Videgaray Caso –o alguna de sus piezas, como José Antonio Meade– en la opción de crisis económica, Miguel Angel Osorio Chong en la vertiente de crisis política y de varios en el tercer sitio de comodín estabilizador. La historia de las sucesiones confirma este modelo:
• 1976: el político Mario Moya Palencia y el tecnócrata José López Portillo.
• 19892: el político Javier García Paniagua y el tecnócrata Miguel de la Madrid.
• 1988: el político Manuel Bartlett y el economista Carlos Salinas de Gortari.
• 1994: el político Manuel Camacho y los economistas Luis Donaldo Colosio/Ernesto Zedillo.
• 2000: el político Roberto Madrazo y el economista Francisco Labastida.
• 2012: el político Manlio Fabio Beltrones y el representante del modelo salinista Enrique Peña Nieto.
Para el 2018, el escenario no variaría, aunque podría reproducirse el de 2012: el candidato Peña Nieto es un abogado, con una tesis política sobre el estilo presidencialista del fundador del presidencialismo Alvaro Obregón, pero con una propuesta económica de continuidad del proyecto de desarrollo neoliberal construido por Salinas de Gortari desde 1979 con el Plan Global de Desarrollo.
La clave sucesoria para el 2018 estará en aclarar las dimensiones de las crisis económica y política. La primera es de coyuntura, no de redefinición del proyecto neoliberal, y más aún con la revisión del tratado salinista de comercio libre. Y la crisis política radica en el hecho de que la correlación de fuerzas productivas –y éstas en la lógica neoliberal de mercado– determina las relaciones sociales y políticas.
La viabilidad del proyecto neoliberal depende de la reorganización del sistema político que se ha pospuesto desde 1982. Y ahí es donde se queda en el análisis la necesidad de que el candidato del PRI sea un político del gabinete, convencido del proyecto económico, pero con experiencia en el mantenimiento de la estabilidad social y política. Eso sí, requiere de una propuesta de reforma del sistema político para atender los nuevos equilibrios con una oposición más competitiva.
Si la crisis económica es de coyuntura, y no de reorganización del modelo y la crisis política es de agotamiento del sistema fundado por el PRI, entonces la sucesión tendría que ser política. Y ahí es donde aparece Osorio Chong como el único precandidato que –en la lógica peñista– ha garantizado la estabilidad, y sobre todo la gobernabilidad y la cohesión dentro del sistema. Las reformas estructurales que faltan exigen acuerdos políticos y no un cancerbero tecnócrata.
Política para dummies: la política es la especial sensibilidad para leer detrás de la realidad real, ahí es donde se encuentran las verdaderas relaciones de poder.